Has ganado un premio

/ enero 17, 2022/ De puertas para adentro

Domingo, 17 de enero de 2021, ocho de la tarde. Es de noche, hace frío. La tercera ola de la pandemia asciende sin límite a la vista. En la calle y los tejados permanecen, amenazantes, los restos helados de Filomena. Según los entendidos, es la víspera del día más triste del año.

De repente, en la pantalla del móvil, descubro cinco llamadas perdidas de un número desconocido, todas realizadas en un intervalo de veinte minutos. Mi reacción oscila desde la extrañeza al hastío ¿Quién llama insistentemente desde un número desconocido? Alguien que quiere venderte algo, me digo ¿Un domingo? Sí, también los domingos, aunque sea el domingo más frío y triste del año. Quizá precisamente por eso.

Al momento, en el whatsapp, tres mensajes del mismo número “hola”, “por favor coge telf.”, “es importante”. Y entonces me asalta la preocupación y me vuelvo a preguntar ¿Quién llama insistentemente desde un número desconocido? Y me respondo: El encargado de comunicar una emergencia, una tragedia. “Perdona, pero no sé quién eres” le escribo, confiando que la tragedia sea para otro y se trate solo de una equivocación desafortunada, fruto de la desesperación. Vuelven a llamar y esta vez respondo inmediatamente, con aprensión. Al otro lado, una voz seria, grave, reprobatoria. Como de profesora que te ha pillado en falta.

━ Si presentas una novela a un certamen y dejas un teléfono de contacto. Lo normal es que luego respondas al teléfono.

━¿Perdón? ━respondo, porque no se me ocurre qué más responder, pero mi mente va asociando ideas a toda velocidad y recuerdo, de pronto, el envío, tres meses atrás, de un sobre con mi novela a un certamen literario. No uno, «EL» certamen literario, porque es el único en el que he participado.

La explicación de mi interlocutora, cada vez menos seria, cada vez más amable y entusiasta, se va solapando con mis propias conclusiones, de manera que ahora no consigo recordar las palabras exactas. Consigo entender, pese a la estupefacción, que es la secretaria del jurado, que han terminado de deliberar esa misma tarde, que el ganador del premio se anunciará mañana, que querían comunicármelo personalmente antes de enviar la nota de prensa. En resumen, “que has ganado el premio de novela corta José Luis Castillo-Puche”.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?

La secretaria del jurado, que ya tiene nombre y se llama Engra, y es majísima, me cuelga tras una conversación que ahora recuerdo como llena expresiones de asombro y agradecimientos balbuceantes.

No tengo mucho tiempo para reaccionar y contar lo que me acaba de pasar, cuando veo otra llamada perdida de Engra. Tengo que empezar a ponerle sonido al teléfono. Esta vez es una vídeollamada. Cuando conseguimos comunicar, todos los miembros del jurado aparecen en la pantalla de mi móvil, cada uno en su recuadro. Yo en otro, con mi cara de tarde fría de domingo y mi lentilla mal puesta que me hace parpadear frenéticamente.

Hay cierto retardo en la comunicación -el whatsapp es lo que tiene-, así que a veces se produce un momento de silencio entre que yo dejo de hablar y ellos terminan de escucharme. De eso me doy cuenta más tarde, hasta entonces voy rellenando los silencios sin dejar de dar las gracias de todas las maneras que se me ocurren. Cuando ya no hay forma humana ni decente de ser más agradecido, paso a preguntarles a ellos sobre su labor como jurado, pero el pudor me impide preguntar directamente y sin remilgos lo que de verdad me interesa saber: ¿Por qué? ¿Por qué han elegido De puertas para adentro y no otra? Aun así, ellos desvelan algunos comentarios: “Nos hemos reído mucho”, “Cada uno nos hemos sentido identificados con algún personaje o escena”, “Es muy original”. Con eso me basta.

Ha pasado un año desde entonces y en estos momentos el jurado del premio «José Luis Catillo-Puche» se debe estar poniendo en contacto con el ganador de 2022. Espero que les coja el teléfono.

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