La novela corta o lo bueno si breve…
Alguien podría pensar que la novela corta es un subgénero que bien podría llamarse «novelas para vagos». Vagos los que las leen y vagos los que las escriben. Es posible. Aunque me gusta pensar que más bien es un género de gente con capacidad de síntesis.
De puertas para adentro es una novela corta, premiada en un certamen de novela corta. Tengo que advertirlo, porque igual estoy generando demasiada expectación para un puñado de páginas, pero también creo que es un género que hay que poner en valor.
Novela vs Novela corta
Vamos a empezar por aclarar una cuestión importante: La novela, por definición, nació corta. Allá por la Edad Media, a las narraciones largas se las llamaba Romanzas o directamente «libros», y se hacía necesario buscar un nombre para algo que era un poco más consistente que un cuento, pero más corto que aquellos tochos medievales.
Así cundió el término italiano novella, que se podría traducir por «noticia» y que fue adaptado en el Renacimiento a la nouvelle francesa y la novela española, que no tenían exactamente las mismas características de contenido, pero sí de extensión. Más o menos.
Aquí en España, llegó nada menos que Cervantes para rubricar el término y bautizó sus narraciones breves como “Novelas ejemplares”. No solo eso, sino que luego vinieron estudiosos y les pusieron más apellidos a esas novelas ejemplares para describir novelas moriscas, bizantinas o picarescas.
No, ya sé lo que estás pensando, El Quijote no encaja en “corto” ni en “breve”, lo mires por donde los mires. De hecho es tan largo que dentro incluye alguna novela corta. Y sin embargo, se la ha acabado clasificando como novela de caballerías o novela de aventuras y hay quien la considera la primera «novela moderna».
Parece que gracias a Cervantes (o no, esto ya no lo sé), el término se fue poniendo de moda hasta que todo lo que no era cuento se acabó llamando novela sin importar su extensión.
¿Y ahora qué hacemos? Debieron preguntarse los amantes de los géneros y las etiquetas. Pues que a la novela, que en su origen ya era corta, hubo que ponerle el apellido “corta” para decir que era más corta que otras novelas que en realidad no eran novelas. Sobrevivimos como especie de casualidad.
Hablemos de tamaño
La Real Academia de la Lengua define el término «novela» como «Obra literaria narrativa de cierta extensión«. Ajá, «cierta». A veces no se le da tan bien lo de fijar y dar esplendor.
Dado que el tamaño sí importa para identificar el género (ejem), ¿Cuál es la extensión de una novela y cuál la de novela corta? Pues por lo visto hay cierto consenso entre las editoriales para situar en la categoría de novela corta, aquellos relatos que tienen entre 17.000 y 40.000 palabras.
Como estos números nos dejan igual que estábamos, he consultado en internet y he descubierto que una página DIN A4 escrita a ordenador, con un tamaño y fuente de letra estándar, contiene aproximadamente unas 700-800 palabras. Con lo que, si las matemáticas no fallan, una novela corta alcanzaría apenas unos 50 folios. Pero no te preocupes, que esto en formato de bolsillo y con letra apta para presbicia, se multiplica bastante.
A favor de la novela corta
Voy a ser sacrílego: hay grandes clásicos de la literatura que solo terminé de leer porque eran cortos. Entran en esta categoría La Metamorfosis de Kafka o Muerte en Venecia de Thomas Mann. Que sí, que están muy bien, pero si llegan a tener veinte páginas más, los tiro al río. Lo mismo puedo decir de El extranjero de Camus, aunque para mi gusto a este aun le sobran unas páginas.
De García Márquez uno se puede leer una biblia si hace falta, pero sus novelas cortas, Crónica de una muerte anunciada y El coronel no tiene quien le escriba, son dos joyas de la literatura. Lo mismo pasa con Pedro Páramo de Juan Rulfo.
El gran Gatsby, El viejo y el mar, Desayuno en Tiffany’s, Rebelión en la granja, El Doctor Jeckill y Mr. Hide, Sostiene Pereira… Son todo ejemplos de grandes novelas cortas, que a lo mejor nos quedamos con ganas de seguir leyendo más, pero es probable que de ser más largas hubieran sido peores. Todo suposición, claro. Si hasta Tolstói y Dostoievski, con lo cansinos que eran cuando querían, escribieron brillantes novelas cortas, sería por algo.
El escritor José Luis Castillo Puche escribió varias novelas cortas y supongo que por eso el premio que lleva su nombre ayuda a promocionar y engrandecer el género. Y lo bien que me ha venido a mí, oye.